Provocación para delinquir

GUÍAS JURÍDICAS


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Entre las diversas modalidades de participación en un delito, distintas de la autoría o la tentativa, tenemos otras en las que se castigan lo que se denominan “resoluciones manifestadas” de delinquir, en cuanto se acredita la existencia de una voluntad de cometer un delito concreto.

De ese modo, el Derecho penal cumple no sólo una función represiva de castigar el delito producido (un homicidio) sino preventiva, en cuanto, por razones de política criminal se estima sancionable con penas, comportamientos que no suponen la lesión de un bien jurídico concreto a través de una conducta material que lo violenta.

Son ejemplos de ello, el castigo de las denominadas “resoluciones manifestadas de voluntad”, que incluyen, además de la proposición, la conspiración y la provocación para delinquir.

La provocación, como se verá, supone castigar un exceso de la libertad de expresión en cuanto supone modos predelictivos canalizados a través de medios de difusión de gran eficacia publicitaria o ante un colectivo de personas ante los que se vierten incitaciones para cometer un delito determinado(véanse “Conspiración para delinquir” y “Proposición para delinquir”).

I. CONCEPTO

La provocación para delinquir es aquella forma de participación en un hecho delictivo, consistente en incitar directamente a la comisión de un delito, mediante procedimientos que faciliten su publicidad, tales como: a través de medios publicitarios de gran eficacia o ante una concurrencia de personas.

Es un concepto técnico-legal reducido a esas dos formas comisivas porque el significado de “provocar”, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es más amplio: “incitar, inducir a uno a que ejecute una cosa”, sin que se requiera nada más.

II. FUNDAMENTO

Al igual que sucede con la proposición y la conspiración, la razón de sancionar esta forma de participación en el delito, es proporcionar una protección integral ante los ataques más graves a la libertad, los derechos humanos y la convivencia social. De este modo, se sancionan todas las posibles formas de participación en un hecho delictivo: la consumación, la tentativa y estas otras formas resolutivas de cometerlo.

En esta modalidad, el factor prevención es fundamental y supera, en mucho, la finalidad retributiva que tienen las penas, siempre más elevadas, en los delitos consumados.

Se busca sancionar situaciones de incremento de riesgo consideradas inaceptables por la entidad de los bienes jurídicos protegibles, que no son intereses cualquiera, sino individuales del máximo nivel (derecho a la vida, a la integridad física y moral, a la libertad personal, patrimonio) o colectivos (como la seguridad pública, la salud pública o la tutela de instituciones del mayor rango, como la Corona, la Comunidad Internacional, etc.).

En el caso concreto de la provocación, la política criminal del legislador limita la punición a los casos en que se empleen medios de difusión masivos -los que se enumeran y cualquier otro que facilite la publicidad sobre la perpetración de un delito- o cuando la incitación se lleva a cabo ante una concurrencia de personas.

Se opta, pues, por un modo limitado de sancionar la inducción, frente al criterio más amplio, por ejemplo, en derecho alemán, en el cual se sanciona también la tentativa de cooperación y complicidad.

III. NATURALEZA

La provocación no es un acto ejecutivo, ni tampoco preparatorio, sino que se sitúa en un estadio anterior, que podemos denominar “pre-participación”.

En cuanto a su naturaleza jurídico-penal, es una tentativa de inducción. Por eso, son aplicables las reglas de la tentativa, lo cual supone que caben el desistimiento y el arrepentimiento activo.

IV. REGULACIÓN JURÍDICA

El régimen legal previsto en el Código Penal, para la provocación para delinquir, se encuentra en el artículo 18 CP, dentro del Título I “De la infracción penal”, del capítulo I “De los delitos”, del Libro I, que reza así:

“1.La provocación existe cuando directamente se incita por medio de la imprenta, la radiodifusión o cualquier otro medio de eficacia semejante, que facilite la publicidad, o ante una concurrencia de personas, a la perpetración de un delito.”

“2. La provocación se castigará exclusivamente en los casos en que la Ley así lo prevea.

Si a la provocación hubiese seguido la perpetración del delito, se castigará como inducción”

Y en cuanto a su previsión expresa, la provocación se castiga, en los siguientes delitos: homicidio y asesinato (artículo 141 CP); lesiones (artículo 151 CP); detención ilegal (artículo 168 CP); robo, extorsión, estafa y apropiación indebida (artículo 269 CP); blanqueo de efectos procedentes del delito (artículo 304 CP); tráfico de drogas (artículo 373 CP); rebelión (artículo 477 CP); delitos contra la Corona (artículo 488 CP); asociación ilícita (artículo 519 CP); sedición (artículo 548 CP); atentado (artículo 553 CP); terrorismo (artículo 578 CP); traición (artículo 585 CP) y delitos contra la comunidad internacional (artículo 615 CP).

V. EXAMEN DE LA CONDUCTA

La provocación para delinquir consiste en incitar a cometer un delito o delitos concretos. Requiere, por tanto, un grado de precisión notable y desplegar una acción estimulante inequívoca.

Es exigible, por tanto, que el provocador argumente con cierta intensidad y eficacia, el delito que incita a cometer.

En cuanto a los requisitos que han de concurrir en la provocación:

  • a) una incitación para cometer un hecho que la ley considera delito
  • b) ha de referirse a un delito o delitos concretos, no a vagas indicaciones
  • c) percepción por el destinatario de las palabras, mensajes y deseos expresados por el provocador
  • d) eficacia objetiva instrumental de los medios empleados, con independencia de su resultado

Para sancionar la provocación, al igual que sucede con la proposición para delinquir, hay que emitir un “juicio de adecuación”, mediante el cual se valora “ex ante”, esto es, con carácter previo a lo que haya resultado, la relevancia de la provocación, a fin de comprobar si era adecuada o idónea, para materializar el plan delictivo propuesto.

De ahí que resultará no punible, al igual que en el caso de la proposición, un “plan fantástico”, no delictivo o realizado al margen de las dos vías exigidas legalmente (a través de un medio difusivo potente o ante un auditorio de personas)

Para concluir, conviene dejar claro que no guarda ninguna relación con esta forma participativa en el delito, el hecho de que en diversos delitos se hable de “provocar” una explosión (artículo 346 CP), un incendio (artículos 351 y 358 CP) o, por supuesto, la “provocación sexual” del artículo 186 CP, términos que aparecen en la redacción de las conductas que conforman tales delitos, pero que no tienen nada que ver con la “provocación” prevista en el artículo 18 del Código Penal.

Y en cuanto al “agente o sujeto provocador”, hay que diferenciar al autor de esta forma de participación delictiva del “agente provocador” que, al investigar un delito, en vez de esperar a que se produzca, provoca su comisión en la persona que investiga, lo cual determina la invalidez de la prueba del hecho, al considerarse prueba ilícita.

VI. DIFERENCIAS CON LA PROPOSICIÓN PARA DELINQUIR

A pesar de su semejante naturaleza, en cuanto “resoluciones manifestadas” de voluntad criminal, son claras las diferencias entre la proposición y la provocación para delinquir.

En primer lugar, la provocación se dirige a un colectivo o masa indeterminada de personas, en tanto la proposición se hace a una o varias personas determinadas.

En segundo lugar, el proponente suele participar en el delito en tanto el provocador no, pues lo que busca no es a alguien concreto con el que cometer el delito sino lanzar la idea “a voleo”, a ver si prende, en alguna o algunas personas de las que les llega el mensaje,

Y por último, incitar es algo más fuerte que invitar por lo que se requiere el empleo de una fuerza argumental superior a la invitación, ya que cuando se elige a alguien en concreto, se presupone, en principio, una mayor facilidad para obtener el fin perseguido que cuando se habla en general para un público indeterminado.

VII. DIFERENCIAS CON LA INDUCCIÓN

La inducción es una forma de autoría, en tanto la provocación lo es de tentativa.

La inducción exige, de modo necesario, una incitación directa al ejecutor material para que éste se mentalice y asuma realizar lo que le dice el inductor. Es preciso pues, un acto inductivo eficaz, dirigido singularmente a una persona determinada, la cual, bajo el influjo síquico del inductor, realiza el acto que se le estimula a cometer.

VIII. CONSECUENCIAS PENALES

Los efectos jurídico-penales de la provocación para delinquir, son los expresados en el Código, respecto a cómo se sanciona.

Pero, además, si a la provocación siguiera la perpetración del delito, se castiga como inducción, que es una forma de autoría. O sea el provocador, aunque no cometa el delito, si éste acaba produciéndose, responde como inductor -hombre de atrás o autor mediato- es decir, como coautor junto al autor material.

En cuanto a las penas de la provocación para delinquir, en el caso de que no se llegue a materializar el delito, el Código Penal establece que se impondrá la pena inferior en uno o dos grados, a la pena señalada para el delito en grado de consumación.

Y en cuanto a en qué casos, la reducción de la pena ha de ser mayor o menor, conforme a la jurisprudencia del Tribunal Supremo, la punición del supuesto “será acorde al grado de lesividad u ofensividad de la conducta desplegada por el acusado”.

Por otro lado, aquí resulta aplicable la doctrina general en materia de reducción de los grados de la pena, según la cual lo normal es la reducción en un grado, requiriéndose un razonamiento más exigente, para reducirla en dos grados.