Arrepentimiento espontáneo

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GUÍAS JURÍDICAS


El arrepentimiento espontáneo se produce cuando una persona que ha cometido un delito antes de que se proceda contra él acude a las autoridades para confesarlo, reparando en la medida de lo posible el daño causado. Es una circunstancia modificativa de la responsabilidad penal que la atenúa considerablemente.

El actual Código Penal ha desdoblado en dos la antigua circunstancia atenuante de arrepentimiento espontáneo (la número cuatro y cinco), en el que se suprime el elemento psicológico, latente en su triple comportamiento (reparar, dar satisfacción o compensar), con un mismo denominador común: el arrepentimiento espontáneo, y del que la jurisprudencia había prescindido, y ha introducido el elemento cronológico. Se da, por tanto, un fundamento más jurídico y social que subjetivo. El fundamento es doble: se aprecia la menor culpabilidad del sujeto y se colabora con la administración de justicia. Este desdoblamiento es importante porque si el delincuente no sólo confiesa el hecho, con las condiciones que luego se explicarán, sino que además repara el daño, se aplicarían ambas atenuantes y se reduciría aún más la pena, que si se aplicara sólo una atenuante, como estaba regulado anteriormente.

El artículo 21 del Código Penal dispone que: «son circunstancias atenuantes: 4º) la de haber procedido el culpable, antes de conocer que el procedimiento judicial se dirige contra él a confesar la infracción a las autoridades. Y, 5º) La de haber procedido el culpable a reparar el daño causado a la víctima, o disminuir sus efectos, en cualquier momento del procedimiento y con anterioridad a la celebración del acto del juicio oral».

La atenuante recogida en el número cuatro (la de haber procedido el culpable, antes de conocer que el procedimiento judicial se dirige contra él a confesar la infracción a las autoridades) se le denomina: la confesión temporánea del delincuente. En ésta se deben dar dos requisitos: el objetivo y el temporal. En cuanto al primero, consiste en la confesión del reo, que debe ser veraz aunque no es necesario que sea muy detallada o completa, basta con que se autoinculpe. Esta confesión la puede hacer el sujeto por sí mismo o a través de un tercero. No se admite la confesión que es tendenciosa, equívoca o falsa, o la que se denuncia un hecho sin inculparse. Tampoco se puede tener en cuenta la que esconde u oculta datos relevantes para la causa, sea para la calificación del delito o para la agravación de la pena. La confesión debe hacerse ante autoridades, entendiéndose por tales aquellas que tiene capacidad y competencia para investigar un delito: Juez, Ministerio Fiscal o policía judicial, sin necesidad de que de manera concreta y determinada tenga que confesarse ante el juez competente para conocer de esa causa ya que el reo no tiene por qué saber a qué autoridad judicial le corresponde su conocimiento.

En lo que afecta a la temporal, es necesario que la confesión se haga en los tiempos acotados en la norma. Es decir, antes de que conozca que el procedimiento se dirija contra él. El término procedimiento debe entenderse en un sentido amplio, no sólo el judicial, sino también el que se inicia por la Policía o por el Ministerio Fiscal, aunque es necesario que él lo conozca. Por tanto, si el procedimiento se ha iniciado, pero el sujeto, autor del hecho, lo desconoce y acude a las autoridades para confesarlo, esta atenuante debe ser aplicada. También, como límite temporal, no sólo es preciso que conozca que se ha iniciado el procedimiento, sino que éste se dirija contra él. Puede darse el caso de que la investigación judicial se haya iniciado, dato que conoce el autor del hecho, pero se desconoce por las autoridades quién ha sido el ejecutor material.

La atenuante prevista en el número cinco (La de haber procedido el culpable a reparar el daño causado a la víctima, o disminuir sus efectos, en cualquier momento del procedimiento y con anterioridad a la celebración del acto del juicio oral) conocida como atenuante de reparación del daño, también exige esos mismos requisitos de tiempo y de carácter objetivo. Éste es lo que fundamenta la atenuación y consiste en la reparación del daño, que puede ser en su triple vertiente: restitución de la cosa, reparación del daño o indemnización de los daños causados, todos ellos con el beneplácito del perjudicado. La motivación que el delincuente tenga para ello es indiferente para aplicar la atenuante; da igual que lo haga por voluntad real de amortiguar el daño causado con su actuación ilícita o, incluso, que lo haga por una cuestión interesada de que se le atenúe la responsabilidad penal. Lo verdaderamente importante es que disminuye los efectos negativos que en la víctima se produce cuando padece un comportamiento delictivo. No se aplica la atenuante cuando se restituye el daño bajo condición que se quiere imponer al perjudicado.

En cuanto al momento en el que esta atenuante puede operar es más amplio que el anterior estudiado, ya que se puede hacer en cualquier etapa del procedimiento, siempre que sea anterior a la celebración del juicio.