¿Cómo lograr que nuestra justicia tenga unos tiempos justos?

 

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Joaquín Vázquez Villanueva

27 enero, 2017

Escribo este artículo en aras de aportar nuestro granito de arena en un tema que preocupa mucho a muchos, pero que ningún partido político o institución parece querer resolver: La lentitud de la Justicia.

Estamos en un país donde nadie le quiere poner el cascabel al gato en varios temas fundamentales, y hoy nos centramos en uno de los más importantes y que, creemos,  necesita una respuesta urgente. Desde nuestro despacho queremos impulsar una reflexión sobre la lentitud de nuestro sistema judicial, no solo por ser lo justo, sino también con el objetivo de apoyar el crecimiento de nuestro país y contribuir a una España más competitiva, atractiva y eficiente.

Así, es necesario que se haga un esfuerzo de inversión, productiva, y dotar a la justicia  de medios para poder dar solución a los problemas de ciudadanos y empresas en el menor tiempo posible. Una justicia lenta, ni es justa, ni es justicia.

No es cuestión solo de más medios materiales y personales, que también, hoy todos los medios tecnológicos a nuestro alcance pueden abaratar costes, agilizar trámites, ahorrar papel y dar una mejor respuesta a los problemas y conflictos sociales y empresariales. En un mundo en el que niños y ancianos usan teléfonos inteligentes para resolver en segundos asuntos que antes nos llevaban días: ¿por qué no implementar un sistema pionero, que funcione, que sea más intuitivo, y que permita con el menor margen de error que se aplique la ley?

Empecemos por “profesionalizar” lo importante, no puede ser que esa respuesta llegue pasados meses, incluso años, como por ejemplo estamos viendo en procesos que han sido escandalosos, y que tras nueve años no tienen culpables, o inocentes, teniendo que resarcir su daño para con la sociedad los primeros, o rehacer su vida los segundos.

Los inocentes sufren unas graves consecuencias familiares y económicas que no son tolerables, y ello refuerza que abramos esta reflexión, empiezan a ser multitud los que han sufrido la condena pública del titular en ciento cuarenta caracteres. Asimismo, los perjudicados por los culpables ven como, cada día que pasa, disminuye la posibilidad de recuperar lo perdido.

Mientras tanto seguimos tirando de la “máquina de gastar” y sin centrar el objetivo. Un ejemplo, si me permiten cierta demagogia, es que vayamos a rescatar radiales por valor de 2.500 millones de euros, cuando prima dar solución a un tema que hoy, con esa cantidad de euros, y con una aplicación medianamente sensata de las nuevas tecnologías, podría empezar a resolverse. Necesitamos un sistema acorde con el país que realmente queremos ser.

La España del futuro tiene que ser una España donde prime la seguridad jurídica, que permita poder invertir, y en el que una anciana que arrienda su segunda vivienda para completar su pensión pueda ejercer una acción con la que recuperar lo que de justicia es suyo. Las respuestas tienen que agilizarse para permitir crecer, y si seguimos así sólo nos queda pensar que muchos están convirtiendo a la lentitud en su cómplice.

Cada euro invertido en mejorar el funcionamiento de la justicia repercutirá directamente en nuestra competitividad, y contribuirá a atraer empresas extranjeras, talento y un largo etcétera. No es gasto, es inversión.

No se puede hacer esperar años para que alguien recupere lo que es suyo, no se puede exigir la utilización de tanto papel en la era de las nuevas tecnologías, no sé puede seguir obligando a los ciudadanos a pagar doblemente por obtener un servicio jurídico por medio de figuras hoy innecesarias. La Justicia es un pilar del Estado del bienestar que tanto nos ha costado construir, y es imprescindible que se apueste por su reconversión.

Tampoco se puede permitir que las Administraciones Públicas utilicen como medio para sus intereses nuestro sistema judicial.

Mientras sigamos teniendo en nuestro subconsciente máximas como  “el dinero público no es de nadie”, o “ya vendrá otro”, se seguirá utilizando de  forma torticera nuestro sistema. ¿Qué pasaría si tuvieran que rendir cuentas ante sus votantes en tiempo y forma? Seguramente se centrarían en impartir justicia, su verdadero cometido, y no en ganar tiempo y trasladar el problema a otro que ya llegará.

Desde nuestro punto de vista, como abogados de calle, es frustrante sufrir estos plazos interminables en la resolución de los asuntos. Pero la peor parte, por supuesto, se la llevan nuestros clientes. Y no hablamos sólo del perjuicio sufrido, sino de la sensación de impotencia e indefensión. No deja de ser doloroso, sobre todo cuando gestionamos asuntos   internacionales, tener que avergonzarnos de cómo funciona la Justicia en nuestro país.

A veces se dice que el tiempo pone las cosas en su sitio, pero en el caso de la Justicia parece que algunos se lo están tomando demasiado al pie de la letra. Nuestros jueces tienen que poder trabajar de una manera mejor, y para ello es necesario que reclamemos un sistema más moderno, rápido y eficaz.

Mucho soñamos con el día en que  podamos reclamar una deuda vía app y, en cuestión de días, recibir una sentencia firme al respecto. La pregunta es si en España, como en el relato de Monterroso, al despertar del sueño, el dinosaurio seguirá aquí.

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